ETERNA INOCENCIA – 30 AÑOS DE RESISTENCIA Y CORAZÓN

 

Foto: Belen Corro

El pasado 4 de octubre, Eterna Inocencia celebró tres décadas de historia con un show que fue mucho más que un concierto: una reafirmación de principios, energía y comunidad. El festejo tuvo lugar en el Complejo Art Media de Villa Crespo, un espacio ideal para la magnitud del evento, que terminó completamente colmado.

 

Foto: Belen Corro

Desde temprano se respiraba un clima especial. El público sabía que estaba por presenciar una noche distinta, de esas que quedan en la memoria colectiva. La apertura estuvo a cargo de Las Armas, banda de zona sur que regresó a los escenarios después de una década. Su sonido, que combina raíces hardcore con influencias pop, indie y hasta bailables, sorprendió y conectó de inmediato. Temas como “En Busca De La Furia Perdida” o “Animales” mostraron una banda sólida, con un mensaje tan fresco como contundente.

 

Foto: Belen Corro

Los invitados internacionales fueron Dead Fish, históricos representantes del hardcore brasileño y amigos de ruta de Eterna Inocencia. El vínculo entre ambos grupos es real: los argentinos habían girado por Brasil en julio con ellos como anfitriones, y ahora se invertían los papeles. A pesar de no ser una banda masiva en Argentina, Dead Fish logró una recepción cálida y entusiasta. “Queda Livre” y “Sonho Medio” sonaron con potencia, y el punto más alto llegó cuando invitaron a Guillermo Mármol a compartir “Encuentro Mi Descanso Aquí”, en un gesto de hermandad que resumió el espíritu de la noche. 

Sin grandes introducciones ni artificios, Eterna Inocencia comenzó su set casi desde la penumbra con “Cuando Pasan Las Madrugadas”. Desde ese primer acorde, quedó claro que la banda mantiene intacta su esencia: independencia, compromiso social y una sensibilidad que trasciende generaciones. En la entrada se repartían flyers con mensajes ligados a su filosofía, recordando que su propuesta siempre fue más grande que la música misma.

 

Foto: Belen Corro

El recorrido por su historia fue amplio y equilibrado. Viejos clásicos como “La Risa De Los Necios” o “A Los Que Se Han Apagado” sonaron con la misma furia que en los años noventa, mientras que momentos más íntimos como “Viejas Esperanzas” o “Cassiopea” mostraron el costado emocional de la banda. En “Sin Quererlo” y “Le Pertenezco A Sus Ojos”, el trabajo instrumental resaltó con precisión y elegancia, evidenciando el crecimiento musical de un grupo que nunca dejó de evolucionar. 

El setlist se movió con naturalidad entre la energía desbordante y la reflexión, pasando de “Cartago” a “Tu Mirada” sin perder cohesión. Hubo también un cruce con Rodrigo Lima de Dead Fish, que se sumó para una versión potente de “Contra Todos”. Aunque la banda había anunciado un repaso de treinta temas, el tiempo les jugó en contra y algunas canciones quedaron fuera, entre ellas “A Elsa Y Juan”. El cierre, algo abrupto, llegó con “Nuestras Fronteras”, y aun así la sensación fue de plenitud. 

Treinta años después, Eterna Inocencia sigue siendo un faro dentro de la escena. Llenar el Art Media no es solo una cuestión de convocatoria: es la consecuencia de una forma de hacer las cosas con coherencia y corazón. En un panorama musical cambiante, su mensaje se mantiene firme, demostrando que todavía hay espacio para la independencia, la empatía y la honestidad artística.
Más que un aniversario, fue una celebración de lo que representan: una forma de vivir, pensar y sentir la música.

Cronica: Sergio Iñiguez
Fotografia: Belen Corro