El legado de Almafuerte intacto: El Tano Marciello hizo rugir Arena Sur en memoria de Ricardo Iorio a 3 años de su partida.
CTM - ARENA SUR - C.A.B.A. 24-10-2026
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| Foto: Martin Cataldi |
A tres años del golpe más duro que sufrió el metal argentino, Claudio “Tano” Marciello encabezó un recital histórico en donde la memoria, la identidad popular y la guitarra de Almafuerte volvieron a rugir en un Arena Sur repleto.
El 24 de octubre ya no es una fecha cualquiera para el
calendario del heavy nacional. Se cumplieron tres años de la partida fìsica de
Ricardo Iorio, y el sentimiento en las inmediaciones del Arena Sur no era de
resignación, sino de pura resistencia, hermandad y lealtad. El pueblo metalero
se volvió a citar para demostrar que los poetas del metal pesado no mueren
mientras su voz siga retumbando en el pecho de la gente.
El encargado de guiar a las masas fue su ladero histórico
Claudio Tano Marciello quien junto a su banda compuesta por Melina Marciello,
Giuliano Noé y Leandro Radaelli asumieron la responsabilidad de abrazar ese
legado invaluable para ponerle cuerpo y alma a un tributo demoledor.
A las 21:10 hs las luces del Arena Sur se apagaron por
completo. La pantalla central se encendió para proyectar un video conmemorativo
de Almafuerte junto a su líder Ricardo Iorio, desatando una marea de emociones
contenida: lágrimas, cánticos, abrazos y pogos por doquier.
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| Foto: Martin Cataldi |
Sin anestesia el Tano clavó los primeros acordes De la
carne, Hacia el abismo y Del más allá. La púa afilada de Marciello sonó como en
sus mejores épocas, con ese tono crudo e inconfundible que sirvió de cimiento
para el arranque de un show que superaría las 2 horas y media de duración.
“Somos los negros, somos los grasas pero los chetos no”.
Entre tema y tema el protagonismo fue de la multitud. El cantito convertido en
mantra de pertenencia y orgullo de clase, marcó el pulso de la noche. Sobre esa
escenografía de pura estirpe popular, la banda descargó temones de la talla de
Patria al hombro, Aguante Bonavena y Triunfo.
Otro de los picos de la noche fue cuando tocaron Si me ves
volver, para luego dar lugar a otro video en donde se recordaban a los
combatientes de las Malvinas dando paso a El visitante. El recorrido no dio
tregua: sonaron Sentir Indiano, Convide rutero y una interpretación épica de
Cumpliendo mi destino que dejó el ambiente totalmente enardecido.
Si la primera mitad del show fue de un despliegue de
potencia, la segunda parte del concierto estuvo atravesada por la emotividad a
flor de piel. Tras repasar joyas como Con Rumbo al abra y Trillando la fina,
llegó el momento en el que el tiempo pareció detenerse: la voz e imagen de
Ricardo Iorio reaparecieron en las pantallas gigantes. Durante Mi Credo y Sé
vos la figura de Iorio floto sobre el escenario cantando a duo con un público
que dejó el alma en cada estrofa. El Tano firme con su guitarra, miraba la
pantalla con el respeto y la hermandad de quien compartió cientos de kilómetros
de ruta, miles de memorias y anécdotas que seguramente atesorará para siempre.
Para el tramo final la banda aceleró a fondo con El pibe
Tigre y Toro y Pampa encendiendo pogos multitudinarios en cada sector del
recinto del Arena Sur.
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| Foto: Martin Cataldi |
El broche de oro no podía ser de otra manera: cuando sonó Almafuerte la banda dejó paso al público para que entone cada estrofa de la misma. En ellos se podía ver el agite, puños en alto y lágrimas en las caras transpiradas que de alguna manera enmascaraba la emoción de los metaleros más afectados por el recuerdo de Iorio. El show culminó como no podía ser de otra manera con A vos amigo, “a vos amigo que estoy fundido con vos,(..) ese destino que nos arrimo” cita la canción y que sirve como estandarte para abrazarse y terminar una noche con esos hermanos del metal que están siempre para transitar el camino sinuoso que se nos presenta en el día a día.
Quedó demostrado una vez más que a pesar de la partida
física de Iorio los cimientos del metal y Almafuerte siguen intactos de la mano
de CTM quienes no solo dieron un concierto impecable sino que custodiaron el
fuego sagrado de una obra que ya
pertenece para siempre a la historia grande de nuestra música.
Fotogarfias: Martin Cataldi (cortesia



